por ESTHER ORDAX. EN LA IMAGEN: OBRAS DE ABE THE APE Y NURIA BLANCO
Una pieza de cerámica ilustrada es un trozo de historia siempre por terminar: quien la encuentra le pone su propio final. Un fragmento de vida que nace de la tierra, del dibujo y de las manos de quien la crea y de quien la recibe. Con motivo de IlustraWeekMadrid, seis artistas muestran su universo más íntimo en Cocol: Marina Anaya, Nuria Blanco, Abraham Rivera (Abe the Ape), Liliana Di Carlo y el tándem No Hay Mapas, formado por Mariana Montero y Ricardo Rovira.
Fachada de madera azul y un local repleto de alma, que antaño albergó una mítica papelería de Madrid. Así es Cocol, una mezcla de casualidades, causalidades y reinvención. Pepa Entrena lo fundó hace nueve años, a quien más tarde se unieron Pilar y Vanesa, con la idea de poner en valor la artesanía local y los oficios tradicionales. Hoy, el espacio sigue ese camino con mimo: trabajar con talleres, conocer a los artesanos y ofrecer una forma de consumo más consciente, local y reivindicando oficios en peligro de extinción como cesteros, alfareros, guarnicioneros, tejedores o torneros. De esa filosofía nace esta muestra colectiva, creada para IlustraWeekMadrid, donde seis nombres clave de la cerámica ilustrada entrelazan sus historias, del 23 al 26 de abril.
Nuria Blanco experimenta con los materiales, llevando la ilustración y su imaginación a piezas que funcionan como auténticos cuadros. Vajillas, vasijas o murales donde el dibujo se convierte en objeto cotidiano. En su serie Recetas Ilustradas, cada pieza se funde con la comida y transforma el banquete en «una experiencia única».
Abe the Ape parte siempre del dibujo, un espacio de libertad total «sin las limitaciones físicas del material». En la cerámica encuentra el error y la sorpresa: «¿Habrá salido todo bien?», se pregunta al abrir el horno, consciente de que hay «variables imposibles de controlar». Sus piezas, realizadas junto al Centro Cerámico Talavera, mezclan humor e imaginario propio —toros, soles, sirenas o avestruces danzarinas—, en un formato donde conviven «peso, volumen, tangibilidad y fragilidad».
Artistas que exponen
Marina Anaya trabaja «sin libro de instrucciones» en infinidad de disciplinas, siempre con obras «que se puedan apreciar antes con el corazón que con la cabeza». Su proceso artesano nace del dibujo y se traslada a materiales como la porcelana o el barro refractario, y adora el lápiz cerámico. Le encanta esa “magia” transformadora que surge en el horno, donde pigmentos y esmaltes generan texturas y líneas únicas. En la muestra presenta piezas utilitarias y murales cerámicos realizados en barros de alta temperatura donde, como siempre, aparecen sus pájaros.
Liliana Di Carlo se mueve entre lo pictórico y lo cerámico desde un lenguaje «íntimo y casi silencioso». Sus piezas funcionan como relatos abiertos, donde quien mira establece su propia conexión. La cerámica le aporta una dimensión física y ritual única: trabajar con tierra, agua y fuego implica aceptar también la decisión del material en una especie de atractivo juego donde ella «toma y pierde el control». En Cocol, expondrá algunas de sus piezas más icónicas como el jarrón con el cuerpo humano, los vasos con caballos o la bandeja de la mujer pájaro.
Este tándem Nohaymapas, «de espíritu inquieto, curioso y explorador, como el Principito», entiende la cerámica como un “reto” técnico y creativo. Desde el boceto inicial hasta el paso por el horno —con temperaturas que alcanzan los 1260 grados—, cada fase determina una pieza. Trabajan con técnica bajo cubierta, usando el barro bizcochado como lienzo, y presentan una nueva colección con algunos de sus clásicos como el Altavoz Toulouse o la Maruja, pero con un acabado pintado a mano lleno de color.