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Ana Juan. Contar con imágenes

Homenaje a la ilustradora valenciana Ana Juan en IlustraFest 2025 (UDIT)

Por Diana Hernández

Premio Nacional de Ilustración 2010, Ana Juan (Valencia,1961) nos recibe en su estudio –repleto de curiosidades y obras inéditas de su carrera– para conversar de todo lo que la ha llevado a convertirse en una de las ilustradoras más reconocidas fuera y dentro de nuestras fronteras. Un repaso por esos momentos que marcaron el inicio de lo que, sin saberlo, se convertiría en la carrera de su futuro. Durante esta entrevista no solo nos envolvió con su calidez, gracia y naturalidad, sino que, además, se abre a que conozcamos su carácter reflexivo y autoconsciente. Ana nos habla de sueños que se cumplen a la vez que decepcionan, de cimas que parecen ser mucho más altas de lo que son, o de luchas internas que piden a gritos aceptarnos tal cual somos (en un proceso creativo, o en la vida). 

Durante IlustraweekMadrid, la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) ha preparado un vídeo-homenaje que se podrá ver en ILUSTRAFEST del 3 al 5 de abril. 

¿Cómo empiezas a interesarte en el arte, la ilustración? 

Crecí en un mundo de adultos. No tenía compañeros de juegos ni ese mundo infantil. Entonces yo creo que poco a poco me cree mi mundo. Siempre estaba el dibujo, que era lo que más me gustaba y se convirtió en mi lenguaje, en mi forma de expresarme. El dibujo y la lectura. Y poco a poco empecé a desarrollar lo que me gustaba. Mi madre dijo que, si eso era lo que me gustaba, y como una mujer siempre debe tener un oficio, vamos a hacer de eso tu profesión. 

A los 11 años empecé a ir a “artes y oficios” por las tardes, después del colegio. Aquello eran clases de apoyo en las que tú dibujabas y había profesores que te corregían. Había modelos antiguos como hojas de acanto o bustos, luego el Discóbolo de Mirón, que ya cuando te pasaban ahí eras alguien con muchos años haciéndolo. Allí estuve muchos años, hasta que a los 16 años un profesor me dijo que me presentara a Bellas Artes: “Te van a suspender, pero por lo menos vas a quitarte ese miedo escénico y el miedo de encontrarte en un aula. Te suspenderán, pero eso te va a hacer ver muchas cosas” 

Por supuesto me presenté, me suspendieron, pero luego la intenté en septiembre y me aprobaron. Era como una Escuela Superior, todavía no era una Facultad de Bellas Artes. Por las noches iba al instituto y por el día iba a Bellas Artes. Aquellos fueron un par de años bastante caóticos y todavía no estaba muy asentada, pero luego al tercero me entregué completamente a las Bellas Artes. 

¿En ese momento ya empezabas a buscar tu propio estilo? 

Todavía no era el momento. Estaba en una etapa de aprender como un abecedario, a repartir una imagen en un espacio, a enfrentarte a una hoja en blanco, técnicas muy clásicas en carboncillo, a blanco y negro, con las que estás aprendiendo a dar distancia, atmósfera, luces, sombras… Aprender la base. Ya luego que tienes la base, puedes empezar a romper. 

¿Crees que se puede aprender a dibujar o es innato? 

Necesita un tiempo, madurez y también tener los ojos abiertos para, poco a poco, ver cuál es tu camino. Hay mucha gente que lo tiene innato, como escritores que hacen sus mejores obras en los primeros años, pero hay otros a los que nos cuesta toda una vida (risas). Conseguir las cosas como queremos, y no lo vamos a conseguir nunca. 

Tu obra tiene una seña de identidad muy reconocible… 

Poco a poco conseguí ese lenguaje propio como resultado de intentar superar mis carencias. Cuando no puedes resolver algo, quieres contar algo e intentas resolverlo y no puedes, buscas caminos diferentes para contarlo. Eso poco a poco me ha llevado a una forma muy personal de contar las cosas. 

¿Eres artista o ilustradora? 

Un artista puede ser ilustrador. He llevado mi trabajo personal y el trabajo más profesional al mismo tiempo. Y eso ha hecho que encontrara un camino entre los dos mundos. En esa estrecha línea donde se comunican entre los dos creo que es donde he encontrado mi espacio.  

¿Cómo llegó a convertirse en tu profesión? 

Con el dibujo, yo lo que realmente quería era dibujar. Siempre he tenido graves problemas con el color. Poco a poco durante todos estos años me he ido despojando de muchas cosas, sintetizando lo que quieras de las formas más sencillas y básicas. 

Has trabajado en libros ilustrados, en portadas y en proyectos expositivos. ¿Cuál es el que más disfrutas hacer? 

Todos siempre son importantes, todos han tenido su momento. El trabajo en prensa me ha dado mucha inmediatez, la habilidad de poder trabajar muy rápido, también a sintetizar. Eso me ha aportado en otros trabajos. Hay algunos que son fantásticos, otros que han salido muy mal. No tengo uno donde diga que he disfrutado más que en otro. Incluso algunos donde más disfrutas y piensas que va a ser el gran trabajo. Luego se queda en nada, eso suele pasar también, o es un desastre editorial, que también tengo varios 

El resultado es impredecible… 

Sí. Cuando entregas un libro, tú pierdes el control. Entran muchos otros factores 

¿Hay alguna frase que siempre tengas presente para esos momentos donde las cosas no salen como esperabas? 

Siempre tener un plan B. Además, la verdad me rehago bastante bien de los fracasos. Siempre he tenido otras ilusiones, que es lo que no le permito al mundo que me robe. Y como frase… ¡todo pasa! (risas). 

Y también, no te duermas, es muy fácil la autocomplacencia. Entrar en un bucle donde, como estás bien instalado… Tenía un profesor que no nos dejaba parar, era algo físico, te hacía subir, bajar, verlo desde diferentes ángulos para ver donde fallaban. Lo mismo hay que hacer con todo 

¿Dibujas todos los días? 

No sé hacer otra cosa… Es donde más a gusto estoy, donde más alegrías tengo, aunque también donde más sufro. 

¿Cómo es un día en tu proceso creativo? 

¡Intenso! Con momentos grandes y momentos de decepción, todo va unido. A veces empiezas a trabajar muy bien y puedes acabar muy mal y luego hay que salvarlo.  

Has ilustrado más de 20 portadas para The New Yorker, ¿qué ha representado para tu carrera? 

Me ha dado un lugar. Hay otros trabajos que a lo mejor han sido mucho mejores para mí, pero no tienen tanta relevancia. El otro día un compañero decía que es como llegar a la cima, y yo digo… ¿a la cima de dónde? Las cimas pueden ser mucho más altas. Te da un lugar y te da una visibilidad. Esas mismas imágenes sin la manchita del New Yorker, a lo mejor no tendría ningún interés como con otro título de revista. Pero… la vida es así 

¿Cómo se presentó esa oportunidad? 

La directora de arte acababa de llegar a la revista e iba buscando gente con quien formar un pequeño equipo, con gente nueva, un poco por salirse de los ilustradores que hasta el momento habían estado allí. Un relevo generacional. Se encontró con uno de mis libros de mi trabajo personal en Barcelona, y buscó contactarme, me llamaron para contármelo, yo le envié un fax, ella me llamó por teléfono. Estuvimos hablando, hice una prueba que no salió. Y un par de años más tarde me volvió a llamar porque había visto una imagen mía en ese mismo libro que le interesaba para un especial que estaban haciendo, y que si yo podía convertir esa imagen en una ilustración para la revista. Así lo hice, y desde entonces… no he trabajado en lo que yo tenía que trabajar. Me siento incapaz de estar todos los días pensando en ideas para el New Yorker y enviado ideas, a lo mejor habría muchas más portadas, pero he hecho otras cosas que también me han aportado para otras cosas. 

Proceso de colaborar con ellos 

Hay una serie de condiciones. Tu recibes un calendario con una propuesta de temas que van seguro a lo largo del año. Allí eres libro de mandar todos los miles de bocetos que te dé la gana. Luego, de repente viene la guerra de Ucrania y recibes el mail de socorro que piden una portada para mañana por la mañana. O envías una portad, no sale, y sale a los 2 años más tarde. No hay una norma de trabajo muy cerrada. 

Cuéntanos de un proyecto que ha sido un sueño cumplido para ti 

Quizás publicar mi primer libro, hacer libros era una de mis mayores ilusiones. Además, ese libro, Snow White, me ha llevado a muchos lugares. Un libro pequeñito, humilde, que no iba a ir a ningún sitio, donde además retomé la técnica del carboncillo con la que yo aprendí a hablar en mi lenguaje del dibujo. Pensé que nunca más iba a volver a usar esas primeras técnicas, pero resultó darme todo un futuro. 

¿Y algún sueño que todavía no hayas cumplido? 

He aprendido a no soñar, porque los sueños se cumplen, pero suelen ser bastante decepcionantes. Yo encuentro lo que se va cruzando por el camino, el azar es lo que me lleva a caminos donde no esperaba, es siempre una sorpresa. 

Cuéntanos de tus mayores desafíos… 

Enfrentarse a uno mismo, mirarse al espejo y aceptar lo que somos, en lugar de esconderse en la sombra de otro. Eso es lo más difícil del mundo, y o estoy en ello… Tener la valentía de aceptar tu forma de contar las cosas, de ver el mundo y de dibujar. Eso cuesta mucho tiempo. Cómo resuelvo, qué es lo que quiero contar, qué es lo que quiero hacer. Buscar otra vez el camino para expresar las cosas como quiero. Estaba ahí y yo no me había dado cuenta, me había olvidado. 

Has intentado mantenerte fiel a tu estilo… 

No puedo hacer otra cosa, intentar hacer algo más amable, que guste a todo el mundo. Molesta que no seas como todo el mundo, es más posible que tengas trabajo y oportunidades cuando no molestas. Una profsora me lo dijo una vez, que mis libros nunca tendrían éxito porque la gente cuando ve mis cosas se plantea preguntas, y resulta que eso debería ser algo bueno y positivo, pero comercialmente es negativo. Yo sigo teniendo mis recursos, hago lo que realmente quiero, es lo que me divierte. 

¿Cuáles eran tus referentes al principio de tu carrera como ilustradora? 

No los había. Los referentes que había eran todo lo contrario de lo que queríamos hacer. Me he basado en gente como gross odiks, los bauhaus, todo aquello que me emocionaba, un fresco de Pompeya o el Discóbolo. En mi bagaje hay de todo. 

Ahora tú te has convertido en un referente… 

¡A mi pesar! (risas) 

¿Cuál es tu perspectiva sobre la Inteligencia Artificial? 

Es perversa. Tiene su lado perverso como lo ha tenido Internet y muchas otras cosas, un lado perverso que, mal utilizado, puede llevar a caminos bastante nefastos para el ser humano. Pero no podemos hacer nada en contra, por más que estén intentando legislarlo.  

Llevas tiempo enfocada en trabajos editoriales y libros de ilustración, pero este año viene con un proyecto expositivo en Madrid. ¿Te hace ilusión? 

La verdad es que sí, ¡lo agradecí! Nunca pensé que me volvería a ilusionar, parece como una historia de amor. Me quedan unos meses de mucho trabajo, pero con mucha ilusión y sin ganas de que me interrumpan. Creo que podemos llegar hasta ahí con algo muy personal, una visión bastante diferente a lo que se está haciendo. 

¿Qué les dirías a los jóvenes que están desarrollando actividades creativas? 

Que no tengan miedo de aceptar lo que son, de ser como son, de hacer su trabajo realmente sin refugiarse en la sombra de otros. Que hagan lo que realmente ellos quieren hacer y que busquen su propia identidad.